Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

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jueves, 7 de abril de 2016

Un poema de José Martí


AL EXTRANJERO 

Hoja tras hoja de papel consumo:
rasgos, consejos, iras, letras fieras 
que parecen espadas: lo que escribo, 
por compasión lo borro, porque el crimen, 
el crimen es al fin de mis hermanos. 
Huyo de mí, tiemblo del sol; quisiera
saber dónde hace el topo su guarida, 
dónde oculta su escama la serpiente, 
dónde sueltan la carga los traidores, 
y dónde no hay honor, sino ceniza: 
¡allí, mas sólo allí, decir pudiera 
lo que dicen y viven!, ¡que mi patria 
piensa en unirse al bárbaro extranjero! 

- . - . -

JOSÉ MARTÍ. Ismaelillo. Versos libres. Biblioteca 100 x 100. Buenos Aires, 1995. Pág. 117.

martes, 5 de abril de 2016

Un poema de José Martí


XIX 

Por tus ojos encendidos 
y lo mal puesto de un broche 
pensé que estuviste anoche 
jugando a juegos prohibidos. 

Te odié por vil y alevosa: 
te odié con odio de muerte: 
náuseas me daba de verte 
tan villana y tan hermosa. 

Y por la esquela que te vi 
sin saber cómo ni cuándo, 
sé que estuviste llorando 
toda la noche por mí. 

- . - . - 

JOSÉ MARTÍ. Ismaelillo. Versos libres. Biblioteca 100 x 100. Buenos Aires, 1995. Pág. 52. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Un poema de Cintio Vitier


LA VOZ ARRASADORA 

Ésta es la voz de un contemplativo, no de un hombre de acción. 
Ambas razas, las únicas que realmente existen, se miran con recelo. 
Es verdad que ha habido gloriosas excepciones, aunque bien mirados los rostros, bien oídas las voces, 
la sagrada diferencia se mantiene, y aún se torna trágica. 
Pero el contemplativo entiende y muchas veces ama el rayo de la acción. Casi nunca lo contrario ocurre. 
Ésta es la voz absorta de un oscuro, de un oculto, que ha tenido peregrinas ambiciones. 
Enumerarlas sería realizar un inventario del delirio. 
Baste decir que ha querido romper los límites del fuego en las palabras 
y ha vuelto al círculo del hogar con un puñado de cenizas. 
No, sin duda no lo comprenderéis, salvo los que sois del indecible oficio. 
Se entiende a un pescador, a un viajante, a un maestro, a un asesino. 
Estos hombres se alimentan de lo que hacen; hasta sus sueños y sus fantasmagorías son quehaceres, hechos. 
¿Cómo entender a uno que no ha poseído nunca nada; que no ha tocado una cosa desnuda de alusión; 
que sólo vive y muere en el mundo de lo otro, en el inalcanzable reino de las transposiciones: 
a uno que, de pronto, necesita escribir, como se necesita la comida o la mujer? 
Su suerte es dura, extraña, también irrenunciable. Y sin embargo, o por lo mismo, ya no me preguntéis, 
cada vez que oye la voz arrasadora de la vida, arroja su fantástico tesoro 
y sale cantando y llorando y resplandeciendo, y va silencioso a ocupar el puesto que le asignan. 

Marzo de 1960

- . - . - 

CINTIO VITIER. En Los poetas de Orígenes, selección, prólogo, bibliografía y notas de José Luis Arcos. FCE. México, D. F., 2002. Pág. 336. 

domingo, 26 de julio de 2015

Un poema de José Lezama Lima

 
José Lezama Lima

DOCE DE LOS ÓRFICOS 

(...) 

Las varas y los duendes hablan, pero la armadura 
sólo añade sombra, y no traspasan con el aliento 
los cristales de cuarzo. Así hablan. 
El sonido de la voz alcanza su arco con el sonido 
que no se intenta asir, con la misma indiferencia del mensajero 
que limpia su hebilla con aceite de nuez. 
Llegaban anticipados y querían oír lo que no se dice, 
su cimbreante arrogancia los llevaba a ponerse ellos 
antes que el sonido. Entraban para asir el sonido 
y la voz se les hacía indetenible como el murmullo, 
Fingían que oían y ya no dejaban entrar, impidiendo 
la errante seguridad de la luna, cuando entre la torre 
del mastín y la torre de la garduña bautiza la llanura. 
Aquí las dos torres hacen perder el camino 
a lomo de burlas y antifaz del cangrejo negro. 
¿La voz puede asirse? ¿Las chispas de la armadura 
pueden asir el sonido? Sensación final 
del rocío: alguien está detrás. 

(...) 

- . - . - 

JOSÉ LEZAMA LIMA. Poesía completa. Editorial Letras cubanas. La Habana (Cuba), 1985. Pág. 347.

viernes, 8 de mayo de 2015

Un poema de Severo Sarduy

Severo Sarduy


Matta dibuja lo invisible: el viento, 
la dimensión de lo desconocido, 
lo que no captará ningún sentido, 
ni tiene forma, ni conocimiento. 

El golpe de lo inmóvil. El reverso. 
La fijeza del sueño y el olvido. 
La transparencia gris. El estallido 
de una luz fósil: la del universo. 

La curva del espacio. Hélice rota 
de una galaxia que se apaga: emblema 
del retorno al origen que desata 

la energía más densa y más remota. 
Incandescencia que se expande y quema 
el universo que dibuja a Matta. 

- . - . - 

Tomado de SEVERO SARDUY: Obra completa, Tomo I, Colección Archivos n° 40, Madrid, 1999. Pág. 221. 

domingo, 26 de mayo de 2013

Un poema de Eliseo Diego

Eliseo Diego

EL SITIO EN QUE TAN BIEN SE ESTÁ

3

Ella, siempre 
lo dijo: tápenme 
bien los espejos, 
que la muerte presume. 

Mi abuela, siempre 
lo dijo: guarden 
el pan, 
para que haya 
con qué alumbrar la casa. 

Mi abuela, que no tiene, 
la pobre, casa 
ya, 
ni cara. 

Mi abuela, 
que 
en paz 
descanse. 

- . - . -

Eliseo Diego: En la calzada de Jesús del Monte. En Los poetas de Orígenes, antología. Selección, prólogo, bibliografía y notas de Jorge Luis Arcos. Fondo de Cultura Económica. México, D. F. (México), 2002. Pág. 263. 

martes, 9 de abril de 2013

Tres poemas de Fina García Marruz

 

SI 

¿Cómo desconfiar
aún, si bajo
la losa gris, la
cimentada piedra,
sacó la lengua
invencible
esa yerbita verde?


NO AVANZA LA OLA SIEMPRE: RETROCEDE

No avanza la ola siempre: retrocede
para embestir de nuevo con más fuerza.
Siempre no sube el fuego. Oscilando
con su temblor alumbra, fiel, la vela.

Parpadear que es de fuego y de vigilia
del alama viva. Todo lo viviente
ha de avanzar así con inseguro
paso que rompa la niebla espesa.

Gana perdiendo así, cree dudando,
su fuerza aumenta en la retrocedida
fatal que lo derriba por el suelo.


Porque nada se pierda: tu has querido
que el descender acrezca la subida,
perdamos como olas, como fuegos. 


EL HUESPED


Qué raro es el amor, qué raro
aun entre amantes
que se aman, aun en el seno
de la casa materna,
la entrañable,
qué instante
tan raro aquel en que él irrumpe
de otro modo,
súbito como un golpe,
el amor dentro del amor,
qué raro ese minuto
de compasión total, pura,
sin causa,
sin posible respuesta
ni duración
posible, qué raro
que a nadie hayamos
amado, acaso, más,
que a ese niño ajeno, en México,
que a ese que pasó hablando
consigo mismo,
que a aquella odiada mujer,
porque, de pronto,
su bata de casa nos miró desolada,
un fragmento de su espalda
nos hizo llorar
como la más arrebatadora música,
qué extraña
crecida sin palabras.
Hemos corrompido
de mentira y de uso
la palabra
amor,
y ya no sabemos
cómo entendernos: habría
que decirlo de otro modo,
o callarlo, mejor,
no sea cosa
que se vaya, el insólito
Huésped.