Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Un poema de Hugo Mujica.

Hugo Mujica.

 

Hay perros que mueren de la muerte de su amo

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
que no se agitan,
                        tiemblan.
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
           de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen,
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.
Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne,
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño. 

sábado, 12 de marzo de 2016

Un poema de Santiago Sylvester

Santiago Sylvester


MUJER EN LA ESQUINA

De lo que se trata es del intercambio: ella tiene hambre,
yo no tengo conocimiento; y si cada uno espera que
caiga su ración del cielo, ya podemos despedirnos
sin aliviar la carga.
Siempre ha habido estos pactos: ella, con un naipe
distinto en cada caso, yo eligiendo la carta para ver
si acierto;
ella, yegua de Parménides llevándome camino arriba, yo
olfateando el rastro con precipitación;
y así, necesitados ambos de lo que el otro tiene y no
guarda para sí, buscamos lo excitable de la especie
para alcanzar el peso, la saliva del otro, la célebre
unión de las mitades.

Ella siempre con historias exitosas (todas tristes), y yo
atestiguando lo que he dicho:
      que si espera en la calle
      se debe al intercambio,
      si entra en el bar y llama por teléfono,
      si disloca hasta morir la mandíbula del alma
      y se ríe cuando corresponde llorar
      se debe al intercambio: esas partes separadas en busca de lo mismo.

Y es todo lo que sé.
Pero ella sabe más:
sin salir de la esquina
conoce el mar por el tripulante a deshora,
el mercado por el olor de una manos,
la vaca por el carnicero;
y si no quiere ni oír
hablar del corazón, acostumbrada
como está a la charla,
es porque sabe que ahí cruje la madera.
El corazón es puro esteticismo.


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sábado, 11 de mayo de 2013

Un poema de Hugo Mujica.

 

http://constelacionconspicua.blogspot.com.ar

 

 

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO


Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
que no se agitan,
                        tiemblan.
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
           de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen,
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne,
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Un poema de Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín 

ADRIANA ASTI

Parece seguro que entonces 
estaba animado por un gran fuego interior. 
Se me veía hablar por la plaza 
con los brazos extendidos, la cara 
enrojecida mirando a los que al cruzar 
apretaban el paso 
sin saludar apenas. 
Llegaba el atardecer y seguía 
apoyado en los muros 
arengando aún 
a los difusos compañeros. 
Se acercaba el momento: 
venían rumores contradictorios 
y se apilaban noticias 
a noticias, y todo estaba 
ya dispuesto. 
Qué fue pues de mí en aquel tiempo. 
Todo llevaba a creer en la victoria: 
hasta los más ajenos se apresuraban 
a estrecharme las manos; 
se me invitaba y profería 
fácilmente charlas de hombres. 
Pero algo falló en la gran empresa: 
acabó otoño y un viento 
helado cerró las puertas. 


1971 
- . - . - 

Francisco Ferrer Lerín: Cónsul. Ediciones Península / Edicions 62; Poética 10. Barcelona (España), 1987. Pág. 27.

lunes, 22 de abril de 2013

Un poema de Santiago Sylvester


(hacía mucho que no veía volar tantos patos)


Hacía mucho que no veía volar tantos patos, circular tantas estrellas: estrellarse tanto viento  en esa cala que colinda conmigo. Tal vez 
hacía mucho que no salía al mundo: salir 
por salir 
como el que llega al mundo y habla del parto. 

Y si se habla del parto, 
yo soy parte de mí: parte 
por implicado en el negocio de estar aquí: sólo una parte pero, 
dicho sin jactancia, imprescindible y 
calcáreo por dentro: resistente a la adversidad. 
/ Éste 
que se pone los zapatos, se acomoda el cinto 
y luego de respirar 
mira de nuevo volar patos, estrellarse el aire de la quemazón, crecer la cala en su cáliz sagrado, que es donde en estos días estoy formando parte de mí. 

- . - . -

Santiago Sylvester: El reloj biológico. Ediciones Del Dock, colección Pez Náufrago. Buenos Aires (Argentina), 2007. Pág. 44.