Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Un poema de Walt Whitman

Walt Whitman


VOZ 


Voz, medida, concentración, determinación y el poder divino de pronunciar las palabras. 
¿Has fortalecido tus pulmones y has dado agilidad a tus labios con larga práctica, con ejercicios vigorosos y con la robustez de tu constitución? 
¿Te mueves con amplitud en estos amplios ámbitos? 
¿Has adquirido el divino poder de pronunciar las palabras? 
Pues que sólo al fin, después de muchos años, después de la castidad, amistad, procreación, prudencia y desnudez, 
después de haber recorrido la tierra y atravesado los ríos y los lagos, 
después de haberse desembarazado la garganta, después de haber absorbido las épocas, temperamentos, razas, después de la libertad, de los crímenes, 
después de la fe completa, después de haber aclarado, elevado y quitado obstáculos, 
después de haber hecho éstas y otras cosas, es apenas posible que les sea dado a un hombre o mujer poder de pronunciar las palabras; 
entonces se precipitarán todos hacia aquel hombre o mujer --nadie se niega, todos acuden, 
ejércitos, navíos, monumentos antiguos, bibliotecas, cuadros, máquinas, ciudades, odio, desesperación, concordia, dolor, robo, asesinato, aspiración, forman en filas compactas, 
y fluyen obedientes, según se los necesita, por boca de aquel hombre o aquella mujer. 


¡Oh! ¿Qué hay en mí que me pongo a temblar al oír las voces? 
seguramente he de seguir al hombre o mujer que me hablen con voz justa, 
como el agua sigue a la luna, en silencio, con pasos leves, por todas partes alrededor del globo. 

Todas las cosas esperan a las voces justas. 
¿Dónde está el órgano diestro y perfecto? ¿Dónde está el alma desarrollada? 
Pues veo que todas las palabras que de ellos brotan, tienen acentos nuevos, más profundos, más dulces, imposibles sin ellos. 

Veo cerebros y labios cerrados, tímpanos y sienes ilesos, 
mientras no venga aquello que tiene la virtud de herir y de abrir, 
mientras no venga aquello que tiene la virtud de revelar lo que duerme, siempre listo, en las palabras. 

- . - . - 

WALT WHITMAN. Hojas de hierba. Traducción: Francisco Seguí. Editors S. A. Barcelona (España), s/f (introducción fechad en abril de 1992). Pp. 369-370.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un poema de Emilio Sosa López

Emilio Sosa López


LA CIUDAD DE CAÍN 

Tanto es igual la sombra como el día, o el día enlutado, 
o el viento que gime en las esquinas o el lobo del hambre. 
¿Por qué odiar entonces al semejante, por qué temer 
sus máquinas infernales, domesticadas con botones 
y sexos, sus agrios tufos de pasiones a pila, 
si el hombre sólo ama la soledad de su dios y mata 
para estar solo y estar en paz consigo mismo 
y con su bestia? 
Dios vuelve por él a los altares con sigilo de tigre 
y allí se instala ante el silencio de su criatura degradada. 
¿Por qué odiar el crimen o el sacrificio 
a los altivos númenes de la destrucción, 
si dulce es la sangre para las estadísticas del miedo 
y es convincente el giro de la diaria proclama y 
todo está bien dentro del círculo 
y es terror el deleite del sol que flamea 
como estandarte del sagrado tirano? 
Los aplausos son ramas feraces en la viña del pueblo. 
¿A qué aguardar otra condenación 
si Dios es hombre para el hombre y bestia 
para la bestia humana 
y magia para la máquina de estado que gobierna sin límites? 
Porque otra cosa hubiese sido que muriese 
con la sangre de la primera víctima, 
pero el dios es eterno como el hombre 
y cuando mata es Dios el que mata por él y si se acopla 
es Dios quien baja a alimentarse de su propio rebaño. 
El tirano sonríe complacido 
ante la multitud del gran dios hecho hombre, 
y sonríe también 
ante la multitud de la bestia hecha hombre. 
Y el error nunca importa pues hay tiempo de sobra 
para rehacer el reino hasta el fin de la tierra. 
--Y aquí la duda, ya que no se concibe fin alguno 
para la gloria de lo que está hecho. 

- . - . - 

EMILIO SOSA LÓPEZ. La fábula. Losada. Buenos Aires, 1957. Pp. 65-66.

viernes, 28 de agosto de 2015

Un poema de Ernesto Cardenal


Ernesto Cardenal

SALMO 11 (12) 

Libértanos tú 
porque no nos libertarán sus partidos 
Se engañan los unos a los otros 
/ Y se explotan los unos a los otros 
Sus mentiras son repetidas por mil radios 
sus calumnias están en todos los periódicos 
Tienen oficinas especiales para hacer Mentiras 
Esos que dicen: 
/ "Dominaremos con la Propaganda 
La Propaganda está con nosotros" 
Por la opresión de los pobres 
por el gemido de los explotados 
ahora mismo me levantaré 
dice el Señor 
les daré la libertad porque suspiran 
Pero las palabras del Señor son palabras limpias 
y no de Propaganda 

Por todas partes están sus armamentos 
Nos rodean sus ametralladoras y sus tanques 
Nos insultan los asesinos llenos de condecoraciones 
Y los que brindan en sus clubes 
Mientras nosotros lloramos en tugurios 
Los que se pasan la vida en coctail-parties

- . - . - 

ERNESTO CARDENAL. En Poesía Completa, tomo I. Patria Grande. Buenos Aires, 2007. Pp. 70-71. 

viernes, 21 de agosto de 2015

Un poema de Jorge Aulicino

Jorge Aulicino


POESÍA ERES TÚ 

ninguna mujer tremolará por tus poemas 
escribirás en sal en vidrio en las 
espumas químicas de esta tierra desastrada 
y ninguna mujer enloquecerá por tus poemas 

- . - . - 

JORGE AULICINO. Estación Finlandia / Poemas reunidos 1974-2011. Bajo la luna. Buenos Aires, 2012. Pág. 70.

martes, 11 de agosto de 2015

Un poema de Julio Castellanos

Julio Castellanos


ELOGIO 

En un fresco de alegría, apenas verdecido, 
en el límpido muelle de la noche 
me acerco a ti y me invado 
en la iridiscente fragancia de las cosas. 

Tiene el amor esa virtud, es blanda 
pausa en el camino hacia la muerte. 

Por eso es un ensueño, porque frágil 
recoge los desechos de la vida 
y de los pasos eleva a plenitud 
su eco acostumbrado. 

Eres sujeto del amor, del juego 
de ofrecer lo imposible y ser 
la apuesta insegura, avasallada. 

Lo sé fugaz y quieto, 
inmóvil en el gesto que me inunda; 
en él estás, por el deseo 
detenida 
en el curso inequívoco del tiempo, 
el de la devastación y la ventura. 

Es plena la alegría
el terso ascenso del ser en el ser mismo. 


- . - . - 

JULIO CASTELLANOS. Poesía reunida. 1983/2013. Llanto de Mudo. Córdoba (Argentina), 2014. Pág. 51.

jueves, 30 de julio de 2015

Un poema de Joaquín Giannuzzi

Joaquín Giannuzzi

RUBÉN DARÍO 

Usted me preguntaba cómo verificar 
si está vivo o muerto Rubén Darío. 
Meter un dedo en su tumba, 
sentirlo frío, no cuenta si usted palpa 
sus huesos rendidos. 
¿Muy esquemático? 
Pero si no me equivoco 
su pregunta tenía un sentido artístico. 
En cuanto a su poesía, escuche usted 
cómo respira todavía, 
cómo recrea su vasto lenguaje 
y perfecciona y ahonda las notas de su laúd. 
Claro que ya no bebe su vino al anochecer. 
Con excepción de ese hábito 
ninguna verdad rubendariana interrumpió la muerte. 

- . - . - 

JOAQUÍN O. GIANNUZZI. Obra poética. Emecé. Buenos Aires, 2000. Pág. 225.

domingo, 26 de julio de 2015

Un poema de José Lezama Lima

 
José Lezama Lima

DOCE DE LOS ÓRFICOS 

(...) 

Las varas y los duendes hablan, pero la armadura 
sólo añade sombra, y no traspasan con el aliento 
los cristales de cuarzo. Así hablan. 
El sonido de la voz alcanza su arco con el sonido 
que no se intenta asir, con la misma indiferencia del mensajero 
que limpia su hebilla con aceite de nuez. 
Llegaban anticipados y querían oír lo que no se dice, 
su cimbreante arrogancia los llevaba a ponerse ellos 
antes que el sonido. Entraban para asir el sonido 
y la voz se les hacía indetenible como el murmullo, 
Fingían que oían y ya no dejaban entrar, impidiendo 
la errante seguridad de la luna, cuando entre la torre 
del mastín y la torre de la garduña bautiza la llanura. 
Aquí las dos torres hacen perder el camino 
a lomo de burlas y antifaz del cangrejo negro. 
¿La voz puede asirse? ¿Las chispas de la armadura 
pueden asir el sonido? Sensación final 
del rocío: alguien está detrás. 

(...) 

- . - . - 

JOSÉ LEZAMA LIMA. Poesía completa. Editorial Letras cubanas. La Habana (Cuba), 1985. Pág. 347.