Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

viernes, 11 de marzo de 2016

Un poema de Horacio Preler

Horacio Preler

EL VASO LLENO DE LUZ 

El vaso lleno de luz 
tiene ojos de caracol 
y el brillo que ha recibido de lo opaco 
se derrama sobre el mantel de la tarde. 

Un vaso lleno de cenizas 
tiene garras de chacal 
y se ilumina cuando se apagan 
las lámparas del amanecer. 

El vaso de la fantasía 
se abre al milagro de las horas 
y contiene los restos de la realidad. 

- . - . - 

HORACIO PRELER. Silencio de hierba. Ediciones del Copista. Córdoba (Argentina), 2001. Pág. 15. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Un poema de Gyula Kosice






ITINERARIO DE CILL 

Estábamos admirados de tantas marchas disimuladas 
de orillas que germinaban por placer 
hasta de los propios avatares sin temple 
que se enmendaban al divisarlos 

Y por consiguiente superioridad emotiva 
los trazados de CILL no dejaban 
transformarse en su propia ocupación 
llegan a subequisar todo lo indecible 
en términos de comparación 

Pero una perfecta visión de cill hacía presentir 
el más peligroso acecho del cielo contra su norte 

Podíamos suponer a cill en tan larga seguridad 
como si imagináramos un bloqueo a la pronunciación? 
Sería ejemplificada ésta su manera que podía ser 
si suavemente cill descubriera la tirantez del horizonte? 

Como una acción a propósito 
como una desfavorable miríada de voces 
llegamos así a subequisar la ruta de cill 
sin poder apuntarla 

- . - . - 

GYULA KOSICE. Obra poética. Selección 1940-1982. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1984. Pág. 115.




Un poema de Ángel González

Ángel González

EVOCACIÓN SEGUNDA 

a Manuel Lombardero 

Recuerdo a los indianos 
de mi infancia. 
Eran buenas personas, nos decían. 
Donaban fuentes públicas 
y grupos escolares a los pueblos 
de donde 
el hambre 
los había expulsado cuando niños 
de su débil reducto nutritivo, 
defendidos 
de la tuberculosis 
sólo por el maíz y las patatas. 
Regalaban también brillantes cálices 
de oro a las iglesias, 
coronas refulgentes a las vírgenes 
de madera, y valiosas monedas 
a las vírgenes otras: las de carne 
--en cuya piel se demostraba cómo, 
contra lo que pudiera suponerse, 
hay cosas que mejora 
la dieta anteriormente reseñada--. 
Exhibían el oro en su sonrisa 
(irresistible cuanto más dorada) 
y se morían casi siempre pronto, 
viejos joviales de adorable prótesis 
y desastrosa próstata 
/ --la sífilis 
no era asunto sencillo en aquel tiempo. 

Venían generalmente de La Habana. 

Yo ignoraba, en los años 
lejanos que hoy evoco, 
los más elementales rudimentos 
de Economía Política, 
y no estaba a mi alcance, por lo tanto, 
comprender los efectos y las causas 
de aquella, en cualquier caso, generosa 
conducta: hasta qué punto 
tantas escuelas, fuentes y campanas, 
todos esos molares e incisivos 
de veintidós quilates, 
tanta virgen, 
oscurecían, lejos, 
aquel paisaje opuesto de palmeras y cañas 
de donde procedían, 
secaban 
en un lugar distante lo que reverdecían 
en esta tierra nuestra, eran 
aquí rumor y más allá silencio, 
llanto remoto, muerte desterrada. 

No obstante la ignorancia referida, 
aquel infantil yo ahora evocado 
ya entonces admiraba especialmente 
a los que regresaban desprovistos 
de todo resplandor: 
los que traían 
únicamente un resto de fatiga 
entre las manos, 
un equipaje sólo de nostalgia, 
un patrimonio inútil de recuerdos 
y el brillo del fracaso en la mirada 
iluminando casi 
una sonrisa apenas de tristeza. 

- . - . - 

ÁNGEL GONZÁLEZ. Tratado de urbanismo. Editorial Lumen. Barcelona, 1967 (tercera edición: 1985). Pp. 69-71.

lunes, 29 de febrero de 2016

Un poema de Julio Herrera y Reissig

Julio Herrera y Reissig

FIAT LUX 

Sobre el rojo diván de seda intacta, 
con dibujos de exótica gramínea, 
jadeaba entre mis brazos tu virgínea 
y exangüe humanidad de curva abstracta... 

Miró el felino con sinuosa línea 
de ópalo; y en la noche estupefacta, 
desde el jardín, la Venus curvilínea 
manifestaba su esbeltez compacta. 

Ante el alba, que izó nimbos grosellas, 
ajáronse las últimas estrellas... 
El Cristo de tu lecho estaba mudo. 

Y como un huevo, entre el plumón de armiño 
que un cisne fecundara, tu desnudo 
seno brotó del virginal corpiño. 

- . - . - 

JULIO HERRERA Y REISSIG. Poesías completas. Estudio preliminar por Guillermo de Torre. Losada. Buenos Aires, 1942. Tercera edición, 1958. Pág. 229. 

jueves, 25 de febrero de 2016

Un poema de Julio Herrera y Reissig

Julio Herrera y Reissig

LAS PLAGAS 

"Era su mano una sentencia. Y me arrastré como un gusano"...--JOB. 

Aguza la vista, imbécil: Brilla el crimen en las dagas, 
frente a ti. 
Las emboscadas se erizan en el bosque. Dos chacales 
gruñen fieramente el rastro de tu inconsciente febril. 
--¡No puedo, no! 
¡Ya la noche de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--¡Un paso más y amaneces, necio pingajo de arcilla! 
La cumbre canta tu gloria como un blanco muecín. 
¡No alientes, cierra los párpados! Bajo tus pies, el abismo 
polariza su mirada criminosa de Caín. 
--¡No puedo, no! 
¡El vértigo de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--Iluso, el polo te arroba. Sobre la blanca gangrena, 
¡clave tu paso la enseña del atavismo viril! 
¡Gloria a tu nombre! ¡Adelante, cretino, con tu osamenta! 
La aurora boreal corona tus audacias de reptil. 
--¡No puedo, no! 
¡El invierno de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--¡Vuelve hacia atrás, miserable! Saluda al simún, no tiembles; 
toma rumbo a la cisterna y al datilero gentil. 
¡Oh, estulto! La Esfinge aúlla de muerte a tu caravana. 
Viene un séquito verdugo de cuervos para el festín... 
--¡No puedo, no! 
¡La perdición de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--¡Boga con genio, insensato! La epilepsia constrictora 
del océano te escupe. ¡Puja con rabia, infeliz! 
La jauría de las olas grita el drama de tu sangre 
y en las fauces de algún monstruo irás pronto a sucumbir. 
--¡No puedo, no! 
¡La tempestad de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--Canceroso de soberbia, mordido por la neurosis: 
erige al Cielo tus náuseas. ¡Rinde la torva cerviz! 
¡Primaveriza, cadáver amable de ilustre crápula! 
Dios te concede un minuto cordial para ser feliz. 
--¡No puedo, no! 
¡La maldición de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--Condenado espeluznante, donde vas y donde pisas 
la alegría tiene fin. 
Perro esclavo de ti mismo, réprobo infame, libértate 
de tu infección luminosa, ¡gusta la paz, ángel ruin! 
--¡No puedo, no! 
¡El infierno de tus ojos ha caído sobre mí...! 

--¡Cuánto sufres, dios leproso del corazón; es horrenda 
la vigilia suicidante de tus llagas, alma vil! 
Depón tu vida, cobarde; besa el asco de la muerte: 
¡entra en mi tumba de olvido y dejarás de existir! 
--¡No puedo, no! 
¡La eternidad de tus ojos ha caído sobre mí! 

Octubre 1904. 

- . - . - 

JULIO HERRERA Y REISSIG. Poesías completas. Estudio preliminar por Guillermo de Torre. Editorial Losada. Buenos Aires, 1942. Tercera edición: 1958. Pp. 114-115. 

martes, 23 de febrero de 2016

Un poema de Alfonsina Clariá

Alfonsina Clariá


Un verano alquilamos 
una casa sin libros. 

Tres televisores 
llenaban el silencio: 
las palabras nacían 
detrás de la pantalla 
y temblorosas, 
se acurrucaban en la sombra, 
como pájaros enfermos. 

- . - . - 

ALFONSINA CLARÍA. Pájaros en la casa. Recovecos. Córdoba (Argentina), 2011. Pág. 50. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Un poema de Juan Gelman

Juan Gelman

BRILLOS 

En la terraza 
la niña mira a la luna y 
se hace el amor. 
¿Quién brilla para quién? 
Ella canta canciones oscuras 
al universo que tiembla. 

- . - . - 

JUAN GELMAN. País que fue será. Editorial La Página. Buenos Aires, 2012. Pág. 27.