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| Elizabeth Azcona Cranwell |
Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.
Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.
Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.
jueves, 14 de mayo de 2015
Un poema de Elizabeth Azcona Cranwell
Un poema de Alicia Genovese
viernes, 8 de mayo de 2015
Un poema de Severo Sarduy
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| Severo Sarduy |
Matta dibuja lo invisible: el viento,
la dimensión de lo desconocido,
lo que no captará ningún sentido,
ni tiene forma, ni conocimiento.
El golpe de lo inmóvil. El reverso.
La fijeza del sueño y el olvido.
La transparencia gris. El estallido
de una luz fósil: la del universo.
La curva del espacio. Hélice rota
de una galaxia que se apaga: emblema
del retorno al origen que desata
la energía más densa y más remota.
Incandescencia que se expande y quema
el universo que dibuja a Matta.
martes, 28 de abril de 2015
Un poema de Antonio Requeni
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| Antonio Requeni |
viernes, 17 de abril de 2015
Un poema de Leonardo Martínez
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| Leonardo Martínez |
A media mañana me escapaba
a la barranca detrás de la cocina
y sentada en una piedra bajo el tala
armaba mi cigarro
Las pitadas eran largas y sostenidas
Al soltar el humo se iban
el desánimo y la tristeza
Volvería después a los hijos
la comida y las montañas de ropa
Yo
la dueña
estoy sola
Marido ausente en trabajos lejanos
y una tropilla de hijos indómitos
Estoy sola con mi cigarro
los quehaceres de la casa
las novenas parroquiales
y la cría salvaje
Eso sí
a la nochecita un poco de gramófono
y de lecturas de la Invernizzio
Pero a la siesta
cuando todos duermen
golpeo mi cabeza
contra las paredes de la cocina
y repito lo que había leído en algún lado
lo real es la única certeza
Y lo real es una mescolanza
de doctrina de iglesia imaginación magia y milagros
La realidad abarca lo visible y lo invisible.
No me atrevo a soñar pero sueño
Frotan mis pechos manos ausentes
Vientos imperiosos abren mis piernas
Un resplandor me ciega
y veloces sonidos danzarines
aplacan mi bramido desolado
De rodillas
adoro un reflejo del paraíso en el fogón
que parpadea como mi ojo
Me desconozco en la misma que soy
La felicidad es un asunto de corazones esforzados
sábado, 28 de marzo de 2015
Un poema de Miguel Hernández
ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como el rayo, Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo voy
de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
Un poema de Aldo Pellegrini
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| Aldo Pellegrini |
¿Y lo has comprendido? la amargura cambia
e inventa máquinas de acero para reconstruir la risa
se obtiene un sol obligatorio por un torpe precio
y Hortensia experta en rodajes acuna los relámpagos
Gozamos de una civilización divertida a través de la cual
se observa la tristeza en perspectiva oh trenes patibularios
llenos del horror de la ternura pasan sin detenerse
y arrastran tras sí el frío de lo que se ignora
Todo es comprensible menos la miseria una roña opaca
llena las grietas de la civilización divertida
bam bam con la cortesía del caso
estalla el tren expreso que nadie esperaba
Ardiente pirogálica grotesca
Hortensia busca el sol a medianoche
la ternura descansa sobre el frío y no todo
se pierde si alguien viene y pregunta adónde vas
La miseria se contempla en perspectiva
y viaja de noche llena de paciencia
migajas de mezquindad un sombrero hongo
anda solo por la ciudad en busca del sol
Maquinalmente se mezclan
las fuentes de las dinastías
el mundo entero pasa sin sosiego con un compás admirable
se presenta la civilización aclarada Hortensia dirige el exilio
Y una ilusión sin consecuencias restalla en el silencio opaco
la miseria se torna comprensible Hortensia avanza
sobre los restos esparcidos de las necesidades del hombre
un aire de cobre llega hasta los suplicantes
Lo irreal cambia el color de las almas
que esperan la llegada del tren expreso
pero se ha desplazado la época hacia un tiempo terroso
lo ideal eleva la temperatura de los encuentros
Un rumor inesperado se aloja en tus ojos
el frío de los ladridos inicia su roce inefable
ofrenda miserable de los sonidos la situación del goce empeora
Hortensia ¿no extrañas el delirio del hambre?
El condenado al goce desaparece
y reaparece para erguirse y retar a lo irreal
un mordisco en la indiferencia de la pólvora
de la sombra al asombro la curva sombría de la espera




