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| Juan Gelman |
Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.
Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.
Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.
martes, 24 de febrero de 2015
Un poema de Juan Gelman
lunes, 23 de febrero de 2015
Un poema de Pablo Neruda
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| Pablo Neruda |
lunes, 16 de febrero de 2015
Un poema de Pablo Neruda
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| Pablo Neruda |
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa
escarba los azufres caídos durante muchos meses
y su red natural, sus cabellos sonando
a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan,
allí la rosa de alambre maldito
golpea con arañas las paredes
y el vidrio roto hostiliza la sangre,
y las uñas del cielo se acumulan,
de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir
un asunto estimable,
es tanta la niebla, la vaga niebla cagada por los pájaros,
es tanto el humo convertido en vinagre
y el agrio aire que horada las escalas:
en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas,
no hay sino llanto, nada más que llanto,
porque solo sufrir, solamente sufrir,
y nada más que llanto.
El mar se ha puesto al golpear por años una pata de pájaro,
y la sal golpea y la espuma devora,
las raíces de un árbol sujetan una mano de niña,
las raíces de un árbol más grande que una mano de niña,
y hay un planeta de terribles dientes
envenenando el agua en que caen los niños,
cuando es de noche, y no hay sino la muerte,
solamente la muerte, y nada más que el llanto.
Como un grano de trigo en el silencio, pero
a quién pedir piedad por un grano de trigo?
Ved cómo están las cosas: tantos trenes,
tantos hospitales con rodillas quebradas,
tantas tiendas con gentes moribundas:
entonces, cómo?, cuándo?
a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío,
y por un corazón del tamaño del trigo que vacila?
No hay sino ruedas y consideraciones,
alimentos progresivamente distribuidos,
líneas de estrellas, copas
en donde nada cae, sino solo la noche,
nada más que la muerte.
Hay que sostener los pasos rotos.
Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde
una cosa quemada con llamas de humedad,
una cosa entre trapos tristes como la lluvia,
algo que arde y solloza,
un síntoma, un silencio.
Entre abanderadas conversaciones y objetos respirados,
entre las flores vacías que el destino corona y abandona,
hay un río que cae en una herida,
hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada,
hay todo el cielo agujereando un beso.
Ayudadme, hojas que me corazón ha adorado en silencio,
ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras
de mujeres mojadas en mi sudor terrestre,
luna del sur del cielo deshojado,
venid a mí con un día sin dolor,
con un minuto en que pueda reconocer mis venas.
Estoy cansado de una gota,
estoy herido en solamente un pétalo,
y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo,
y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra,
y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce,
por unos dedos que el rosal quisiera
escribo este poema que solo es un lamento,
solamente un lamento.
sábado, 7 de febrero de 2015
Un poema de Juan Ramón Jiménez
sábado, 28 de junio de 2014
Un poema de JOG
Para levantar las pirámides
doscientos mil hombres, a lo largo
de tres generaciones, cargaron y arrastraron
millones de toneladas de piedra.
Dos imágenes de restos óseos
revelan el costo de las obras:
la columna vertebral de los obreros
aparece curvada en dos secciones,
muestra fisuras, bordes corroídos,
luxaciones, agobio eterno.
La de los faraones, sacerdotes y altos
funcionarios, se ven erguidas
y frescas como recién nacidas.
Después de 4000 años,
vértebra sobre vértebra, crujido a crujido,
el espinazo innumerable
sigue cargando el peso
del sueño y la podredumbre de los señores.
- . - . -
JOAQUÍN O. GIANNUZZI
OBRA POÉTICA
EMECË
(Buenos Aires, en Argentina, 2000.)
martes, 24 de junio de 2014
Un poema de Joaquín Giannuzzi
| Joaquín Giannuzzi |
Cucaracha en el noveno
Así que la señora repartió el
/ último whisky de la velada y un
escalofrío que ahogó hasta el sentido del
/ humor abarcó el salón del noveno
/ piso. Fue cuando apareció eso, la
/ negra mancha infamante que recorrió la
alfombra regada por Dalí. El mundo se hizo de
/ pronto surrealista o reveló una
fisura y un carcomido dintel y la
/ náusea reemplazó al conocimiento
Y fue visible otro reino cuando el
/ negro escándalo vaciló en
mitad del campo humano y hubo una especie de
/ reflexión y se detuvo y varió el rumbo y buscó un
destino más elemental y nocturno. Nadie halló el
/ chiste adecuado y además Haendel estaba en su
momento más suntuoso. Y la señora resolvió el
/ asqueroso enigma, su ascenso a las alturas por
generaciones a partir de un
/ huevo original en el piso bajo. Así que llamó al
portero y anunció: hay
/ algo sucio en el noveno.
- . - . -
martes, 29 de octubre de 2013
Un poema de Jorge Boccanera
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| Jorge Boccanera |
EL HOGAR
El cuchillo golpeando la madera.
Sobre la tabla de picar cebolla.
El tableteo de los días,
el cuchillo
golpeando la madera[.]
Aguijón que retumba sobre la tabla de picar
y el día desplumado al fondo de la olla,
y el cuchillo golpeando la madera.
Cizaña de la música y redoblante, escarcha
del acero que corta, que desgarra las sombras
asustadas detrás de cada puerta.
Y el cuchillo golpeando la madera.
Bajo el filo mellado ruedan los labios que callaron,
que se oxidaron sin reclamar el aire que nos falta.
Y el cuchillo golpeando,
y aquella empuñadura como mano de muerto,
y las horas hirviendo al fondo de la olla.




